Elena Diego
[ Artículo publicado en el número 14 de la revista, año 2022 ]
Gerardo Diego nació en 1896, finalizando el siglo XIX, murió en 1987. Le tocó vivir casi todo el convulso siglo XX: dos guerras mundiales, una guerra civil y constantes y trágicos combates descolonizadores o ideológicos a lo largo y ancho del mundo.
A nosotros hoy, estrenando el siglo XXI, nos sobrecoge una dolorosa zozobra por un vendaval de locura que hace tambalearse, también a lo largo y ancho del mundo, lo que aparentaba relativa estabilidad.
¿Qué hacer? ¿Cómo sobrevivir a tamaña sacudida? Hay un poema de mi padre en su libro Mi Santander, mi cuna, mi palabra que pudiera ser imagen de su proceder defensivo ante el peligro.
Mi isla
Cuántas veces sueño y sueño
con una isla, mi isla,
en medio de mi bahía.
La marea sube y baja
y a los barcos da la vuelta.
Y mi isla siempre quieta.
Isla con solo mi casa,
árboles de sombra y prado,
verde oscuro y verde claro.
Desde mi terraza escucho
a los pájaros del trópico.
Vuelan y chillan los loros.
Cuantas veces vuelve el sueño
empalmo novela viva.
Siempre la misma mi isla.
Viendo pasar la corriente
me figuro que navego
con mi pasajero el sueño.
Qué resbalar tan inmóvil.
Qué evidencia tan vivida.
Cuánto existes tú mi isla.
Su isla soñada en la bahía de Santander es, como cantó en el soneto “Bahía natal”: “bella entre bellas del harem de España”, “cristal feliz de mi niñez huraña”, “nodriza de mis sueños”.
“Quieta”, la isla contempla, inmune a los vaivenes de la “marea”, que a los “barcos da la vuelta”, los inevitables envites de la realidad. Para estar tranquilo e huir del ruido de la vida “isla con sola mi casa”, en paisaje y entorno familiar y acogedor de “árboles de sombra y prado/ verde oscuro y verde claro”.
El mar no tiene fronteras y “desde mi terraza escucho/ a los pájaros del trópico”. Lamentablemente lo que llega de allá lejos, de la vida, son chillidos de loros que turban la armonía local.
El poeta es un isleño que lleva dentro de sí el sueño: “Viendo pasar la corriente” “me figuro que navego con mi pasajero el sueño”.
¿Es la isla sólo un sueño? Entrañado en el poeta el sueño de la isla es una “evidencia vivida”, una realidad existencial: “Cuánto existes tú mi isla”.
Isla de belleza, de calma y serenidad, refugio real fueron para él el silencio, la música, la poesía, la casa. Desde el cobijo de su “isla” realizó su obra de creación “viendo pasar la corriente” de la vida, evitando que, como a los barcos, esa marea le “diera la vuelta” desviándole de su camino.
¿Tenemos nosotros nuestra propia “isla” para refugiarnos ahora en ella? ¿Soñada? ¿Real?
